Nuestra historia · Cecilia Anabel Villaverde González
Mi historia también empezó con preguntas
Soy Cecilia Anabel Villaverde González. Detrás de Ciudadanías para Descendientes vas a encontrar mi rostro, mi voz y una historia que comenzó mucho antes de convertirse en mi trabajo.
Quizás llegaste hasta acá con un apellido, una fotografía o un recuerdo que alguien te contó. Yo también empecé así: con preguntas, algunos nombres incompletos y muchas ganas de saber.
Desde mi adolescencia sentía la necesidad de conocer mi historia familiar. Había un motivo muy particular: crecí sabiendo que en mi familia se transmitía una enfermedad genética muy poco frecuente, el angioedema hereditario. Sabía que otras generaciones habían vivido con ella y que el desconocimiento se había llevado muchas vidas. En nuestro árbol había ramas que terminaban demasiado pronto.
Quería conocer a esas personas y comprender la historia que también era parte de mí.
Buscando a María
Mi abuelo había fallecido muchos años antes de que yo naciera. Mi papá, Armando, también era joven cuando lo perdió y conservaba algunos recuerdos de lo que había escuchado en su infancia. Eran tiempos en los que muchas cosas de familia se hablaban entre adultos y a los niños los mandaban afuera.
Pero mi papá tenía la misma curiosidad que yo.
Desde chica lo acompañaba al cementerio de General Belgrano, en Buenos Aires, para visitar la sepultura de mi bisabuela María. Cuando tenía unos trece años, volvimos y ya no pudimos encontrarla. No había registros que nos permitieran saber qué había sucedido.
Recuerdo la tristeza y esa sensación de no saber por dónde empezar.
Mi papá comenzó a preguntarles a los familiares mayores. Yo también me animé a preguntar, a escuchar y a buscar. Poco a poco, nuestro árbol fue recuperando nombres y apellidos. Sin embargo, María seguía siendo una historia pendiente.
De ella apenas quedaba una referencia: “era vascofrancesa”. No sabíamos con certeza cuándo había nacido ni dónde buscar sus documentos.
Durante la pandemia, mientras nos cuidábamos en casa porque mi papá era paciente de riesgo, retomé la investigación con más dedicación. Reconstruí las ramas de mi mamá y de mi papá; en una pude llegar hasta el siglo XVII. Pero la de María seguía en blanco.
Así comenzó una búsqueda que tuvo nombre propio: Buscando a María.
Una pista apareció en una bóveda familiar muy deteriorada, de unos cien años de antigüedad. Allí estaba escrito un apellido: Araguez. Seguir ese rastro y sus distintas formas de escritura me acercó al apellido Aragüés y a la historia de Josefa, la mamá de María, a quien conocían como “la Pepa”.


El camino me llevó hasta Aragüés del Puerto y a reconstruir parte de la vida de su padre, Santiago Pérez Fernández, que había sido carabinero en la frontera entre España y Francia.
Fueron años de consultas, documentos y caminos que parecían cerrarse. Las edades no coincidían, los apellidos cambiaban y cada respuesta traía nuevas preguntas.
Hasta que una mañana la encontré.
Supe qué día y a qué hora había nacido María, cómo se llamaban sus padres y en qué casa había llegado al mundo. Lloré de emoción. Sentí que había cumplido algo que llevaba mucho tiempo dentro de mí.
Y pude compartirlo con mi papá. Él también pudo conocer una parte de la vida de su abuela.
Un cajón de recuerdos
La búsqueda también me acercó a parientes de otras ramas de la familia en las que el angioedema hereditario no había estado presente. Entre ellos encontré a un primo que, aunque tenía la edad de mi papá, pertenecía a mi misma generación dentro del árbol. Los dos descendíamos de María y llevábamos años queriendo conocer más de nuestra familia.
Él tenía recuerdos que yo nunca había visto. Yo tenía información que él desconocía.
En nuestro encuentro aparecieron cartas, fotografías y un retrato de la familia Villaverde Pérez. Allí estaban el matrimonio y sus hijos. Al mirar al niño más pequeño, reconocí los rasgos de mi hermano Santiago y de mi papá, Armando.
Era mi abuelo Santiago.

Yo también me encontraba en los rostros de sus hermanas y de mi bisabuela. Mirar esa fotografía fue sentir, por un instante, que podía viajar en el tiempo y acercarme a personas que no había podido conocer.
Hoy ese cajón de recuerdos está conmigo. Conservo fotografías, cartas desde 1880 y el telegrama que anunciaba el fallecimiento de María.


Es parte de mi historia. Es parte de mí.
Nunca es tarde para saber
La rama de mi mamá también estaba incompleta. Mis abuelos venían de Chaco y Santiago del Estero. Mi abuelo ya había fallecido, pero con mi abuela materna todavía tenía la oportunidad de conversar y reconstruir.
Ella había perdido a su mamá siendo niña y a su papá cuando tenía quince años. Tuvo que trabajar, no pudo ir a la escuela, se casó siendo adolescente y se fue a Buenos Aires. Pasaron veinte años antes de que pudiera volver.
Había vínculos de su propia familia que desconocía: tíos y primos maternos. Tampoco sabía que algunas de las personas con quienes había compartido sus viajes a Metán, en Salta, durante las temporadas del algodón y la caña, eran sus abuelos.
Con ella aprendí cuánto importa escuchar con respeto. Quería que supiera que podía contarme cualquier historia con la tranquilidad de que yo iba a escucharla sin juzgar.
Porque antes muchas experiencias quedaban guardadas por pudor, por dolor o por temor a lo que otros pudieran decir: viudeces tempranas, matrimonios convenidos, niños fallecidos en la infancia, muertes inesperadas, hijos dados en adopción, criados por otras familias o nacidos fuera del matrimonio.
Para mí, tener la mente abierta era poder recibir esas historias con el cuidado que merecían, sin exigir respuestas que ella no quisiera dar.
Así empezamos a reconstruir juntas la vida de su mamá. Llegamos hasta 1820 y seguimos buscando.
Porque a veces necesitamos conocer aquello que quedó en silencio para comprender de dónde venimos y poder continuar.
Nunca es tarde para saber. Conocer nuestra historia también puede aliviar el alma.
De mi historia a acompañar la tuya

Gestora integral · Genealogía y ciudadanías
WhatsApp actual: +54 9 11 5112-6051
Nací el 31 de diciembre de 1998. Soy gestora integral, capacitada en genealogía y gestión de ciudadanías.
Comencé a capacitarme en 2018 y, desde 2020, profundicé mi formación académica y profesional en distintas áreas vinculadas a las ciudadanías española, italiana, croata, portuguesa, alemana y polaca, entre otras. Hasta hoy continúo formándome y actualizando mis conocimientos para acompañar a cada descendiente con preparación y dedicación.
También soy estudiante avanzada de Derecho. Retomé la facultad después del fallecimiento de mi papá, en agosto de 2025. Durante sus internaciones seguí trabajando en búsquedas de origen para descendientes que necesitaban ayuda ante el cierre de la Ley de Memoria Democrática. Ese trabajo también hizo más llevaderas las horas en el hospital.
Seguir adelante no fue sencillo. Pero rendirme jamás fue una posibilidad.
Mi historia me enseñó que cada paso importa. Por eso, cuando alguien me cuenta que solo tiene un nombre, una fecha dudosa o una fotografía, sé cuánto puede significar ese punto de partida.
A cada descendiente que nos hizo parte de su historia y nos permitió acompañarlo en su camino: gracias por confiar.
Y si recién estás empezando, me gustaría conocer tu historia.
Tus raíces pueden cambiar el destino.
